Activando Logros

310551_10150319382276100_2033485567_nSubí por aquellas escaleras de moqueta verde, cada día parecían más empinadas y sucias pero bueno tampoco es que me extrañara en exceso. Llegué a mi habitación, deje la mochila en la pequeña silla que estaba junto a mi cama, y me senté en mi cama cruzando mis piernas en posición india y estudiando el ticket que poseía en mi mano.

Ensayé una y otra vez, Hello I need actívate sim card (inglés indio como mi manera de estar sentada), numbers ***********, si tenía que decirlos ya lo tenía claro, si había que teclear aún sería mucho mejor.

Respiré hondo varias veces antes de realizar la llamada, me conciencié y marqué el 0800 800 021 en mi Nokia Expres music (cuidaaaaaaaaado que tenía whatsapp eh!). Contestaron a mi llamada, pero por desgracia no contestó una máquina, lo hizo una persona, de hecho un chico. No entendí absolutamente nada de lo que me dijo mientras que yo solo decía “Hello I need actívate sim card“ recuerdo que me pidió el código y cuando no entendía él decía “numbers” pero por algún motivo algo no estaba correcto, y me pedía algo más, mi desesperación iba en aumento y yo no sabía qué hacer, pregunté si hablaba español pero nada, no tenían en aquel momento asistencia en español; recuerdo mi frustración, recuerdo apretar los dientes y los labios, recuerdo sentirme inútil y por momentos querer tirar el móvil contra la pared, no podía más decidí colgar mientras unas lágrimas recorrían mis mejillas ¿Cómo algo tan simple como activar una sim iba a poder costarme tanto? ¿Cómo una cosa tan sencilla iba a ser mi gran piedra en este viaje?

Me enfadé conmigo misma por colgar, por no intentarlo, sequé mis lágrimas, paseé un poco por los pocos metros de habitación que tenía, sacudí mi cuerpo como el que va a realizar un doble mortal, respiré hondo y me situé de nuevo en la cama, tomé el móvil con una mano y con la otra el ticket, miré al vacío, me dije a mi misma que esta vez sí, esta vez realizaría la llamada y activaría la sim card.

Miré el teléfono y marque de nuevo 0800 800 021, esta vez me atendería una mujer que resulto tener mucha más paciencia que el hombre y hablar algo más claro y lento, repetí de nuevo las palabras mágicas “Hello I need actívate sim card“ estaba más concentrada y concienciada y comprendí que además debía dar otros números que no me habían indicado y así lo hice; me dieron las gracias, me dijeron que mi tarjeta había sido activada y fue entonces cuando colgué el teléfono con una adrenalina en mi cuerpo mayor que cuando monté en el Dragon Khan. Celebré esa llamada como si de un gol se tratará, chillando en silencio por el logro acontecido, la misma almohada que en noches anteriores habia ahogado gritos de desesperación y soledad ahogaría esa tarde un grito ahogado de orgullo lleno de energía.

Sí, era una tontería y sí, tan sólo era una llamada para activar una tarjeta sim pero el trago que pasé, la frustración que sentí y la felicidad que me invadió después, es algo que JAMÁS olvidaré.

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La odisea de la sim 2

Volví a clase, me senté de nuevo cerca de la ventana que daba a Picadilly Circus, mi mochila debajo de la silla, mi cuaderno apoyado en la parte de las sillas que “trabajaba” de mesa, la pizarra a la izquierda y mis nervios centralizados en el estómago.

Para variar, era la primera en llegar, en parte creo que es una buena herencia de mi padre y en parte creo que son manías adquiridas, ya que yo necesito estar en los sitios entre 5 y 10 minutos antes, prefiero esperar a ser esperada y valga la redundancia me desespera quien hace esperar. En fin, estaba sentada mientras esperaba a la gente entrar lo cual, me servía también para observar a cada uno de los estudiantes que iban entrando, ya noté ciertas aproximaciones y vibraciones, sí como leéis, vibraciones; dejar que os explique: me considero una persona que se mueve por vibraciones, cuando conozco a una persona (a veces sin ni siquiera conocer) suelo percibir una serie de vibración buena o mala, la cual básicamente me hace ver si esa persona es transparente o es opaca y tiene un lado oscuro. No, no estoy hablando de Star Wars. Suelo guiarme mucho por esta intuición y rara vez me equivoco, puedes llamarlo energía que desprende la persona o simplemente la esencia de esa persona que es proyectada de algún modo… la cuestión es que gracias a eso fui pre-seleccionando a los que serían mis compañeros en esta aventura, con quien sería afín, con quien no,….lo mejor de todo es que mi instinto no me llego a fallar.

Finalmente, llegaron todos los compañeros. Dimos la clase que fue muy divertida, ya que la semana iba sobre la cultura y la moda y además el profe nos anunció que el día siguiente iríamos a practicar a Candem Town, barrio culpable de mi súbito enamoramiento por la ciudad.

Me moría de ganas de llegar a casa, poner la nueva sim, activarla y poder hablar y llamar a mi familia y amigos, por lo que al terminar la clase me fui a casa, entre en el metro de Picadilly y baje en Kennington, anduve por la calle mirando las hojas, la gente, las tiendas con sus frutas en la puerta listas para comer, las pintadas en la carretera de LOOK RIGHT… seguía sin creer que estaba allí.

look-right

Al llegar a casa, me descalcé (algo obligatorio), salude sin obtener una sonrisa de vuelta, un simple Hi! se les escapó y quizá porque pensaran que era otra persona, desde luego el recibimiento no fue cálido ni lo más parecido, no me importó, tenía un reto, tenía que enfrentarme a mi inglés, debía hacer una llamada, activar mi SIM y poder llamar a mi gente en España sin morir arruinada en el intento, pero las dudas recorrían mi cabeza mientras subía aquella escaleras de moqueta verde  ¿sería una máquina o una persona? Y si era una persona… ¿y si no me entendían? ¿y si no les entendía yo a ellos?

Pensé, bah será simple, llamas un contestador te pedirá el código, lo introduces y arreglat! No obstante, no iba a ser así, no iba a ser tan simple, de hecho algo tan tonto como llamar a atención al cliente e intentar activar la sim lograría hacerme llorar de frustración y hacerme crecer de satisfacción.

La odisea de la sim 1

3store Londres Ana Gema GallegoObviamente iba a necesitar un nuevo número de teléfono, ya que estaría un mes en Londres y el roaming es algo caro de soportar, así que entré en la tienda no sin antes respirar hondo y ensayar que decir y de qué manera, “I need a sim, new pone number” más o menos. Podía haberme ido por donde vine, pero entonces no tendría la nueva sim que necesitaba y fue esta, la necesidad, la que me empujó a entrar en la tienda y hacer lo posible por ser entendida.

La verdad es que unos pocos gestos universales y unas pocas palabras entendibles hicieron todo el trabajo por mí, bueno y claro…. También unas cuantas libras esterlinas, si no recuerdo mal fueron unas 15 libras esterlinas. ¡Bieeeeeeen, tenía nueva tarjeta SIM y nuevo número! Sería poner la nueva sim en el móvil y a disfrutar de mi tarifa de internet sin tener que buscar wifi como loca. ¿Suena fácil verdad? Eso pensé yo también mientras pagaba….. hasta que el chico que me atendía me dio un ticket y me explicó que para activar la sim y poder hacer uso de ella debía llamar a un número de teléfono gratuito y activarla, dándole una serie de códigos. El vendedor me marcó con un circulo el teléfono al cual debía llamar y con una línea el código.

Guarde la nueva SIM y volví a la academia mirando atentamente cada calle, cada edificio, cada rincón… Nunca fui fan de Londres, de hecho tiempo atrás me declaré fan de EEUU y en contra de Inglaterra, no por nada en particular, de hecho uno de mis grupos favoritos siempre fue Take That, grupo cuyo origen era Manchester, sin embargo Inglaterra nunca había llamado mi atención.

Aunque creo que esto tiene más que ver con mi manera de ser, me gusta ir un poco a contra corriente, sin explicación aparente. Si todo el mundo quiere hacer algo o le gusta algo… hace que a mí me deje de gustar. Como por ejemplo París o Nueva York, todo el mundo quiere ir a esos dos lugares, como si fuera el sueño de sus vidas, porque es una ciudad que a TODO EL MUNDO GUSTA, quizá y sólo quizá por eso mismo, por esa misma razón yo no quiero ir allí o no está dentro de mis planes de viajar. No quiero hacer lo que todo el mundo hace, quiero ser original, hacer cosas que nadie haga o casi nadie. Pero siempre habrá excepciones que confirmen la regla como mi amada y querida CERVEZA, le puede gustar al mundo entero que yo también la adoraré jaja.

Pero al igual que nos pasa con las personas, nos puede pasar con las ciudades; de la misma manera que formulamos prejuicios sin conocer a alguien y no es hasta conocer más profundamente a esa persona cuando nos damos cuenta que estábamos equivocados, fue así como me di cuenta que Londres era una de las ciudades más maravillosas donde jamás había estado, estaba a tan sólo unos días de caer perdidamente enamorada de la ciudad que años anteriores no estaba ni en mi lista de deseos.

Descubriendo el nuevo habitat

La primera clase podemos decir que fue una clase atípica, una mezcla de presentación, risas, nuevo vocabulario y nuevas experiencias.

Frank compartía sus gustos y nos contaba cosas acerca de él para también dar pie a que lo hiciéramos nosotros, yo sólo recuerdo hablar en plan indio, pensar mil veces antes de decir nada y eso sí, acompañar cada “palabro” que decía con gesticulaciones y “efectos especiales” que hacía yo con la boca, por momentos creí ser Charles Chaplin haciendo comedia muda, pero lo mejor, es que me entendían y se reían, quien me iba a decir a mí que hasta muda soy graciosa.

Llegó el momento del descanso, y debo admitirlo, los primeros días que estoy en un lugar nuevo no soy muy sociable que digamos, me gusta aislarme e ir un poco a mi bola, por lo que mientras muchos de los estudiantes se quedaban en el edificio e iban a la zona común a hacer uso de los ordenadores o comer algo, yo decidí salir a ver que podía encontrar cerca de la academia.

Learn it Town es mi academia pero mi historia cuenta porqué.Recuerdo que al salir, justo enfrente, había una cafetería llamada Picadilly Institute y era básicamente para estudiantes, me pregunté si allí el café merecería la pena. Soy una adicta al café, no puedo evitarlo, no soy persona hasta que no tomo café pero además es qué me gusta el buen café. En mi casa sólo tomamos Camelo, café de Portugal y no he probado un café mejor en toda mi vida, de ahí que cada vez que salga fuera de España me frustre intentando encontrar un café en condiciones, claro que a la vez me sirve de aventura: Ana Gema en busca del perfecto café ¿Misión Imposible? Aún no me he dado por vencida.

Esa mañana estaba más interesada en probar algo nuevo que en la búsqueda del café maravilloso. Camine a mi izquierda, encontré diferentes bares pero fue uno pequeñito el que más me llamo la atención, tenía un poco de todo: desayunos, pizzas y

Mi maravilloso y perfecto donuts.

Mi maravilloso y perfecto donuts.

demás pero fue algo especial lo que me encendería mi deseo …..

Fue un donuts rosa al estilo de Homer Simpson! Jajaja no lo pude evitar, tantos años viéndole volverse loco por ese donuts habían hecho que me encaprichará de él, así que me compre agua y ese maravilloso donuts que podéis ver en la foto, decirme que nos os apetece (mentirosos).

El primer bocado fue…. Aaahahahhghahghgha) más que delicioso, el sabor, la textura, una explosión de dulce en mi boca. A día de hoy puedo decir que no he vuelto a probar un donuts igual así que a la búsqueda del café perfecto he unido la búsqueda del Mejor Donuts jaja.

Creo que quizá el sabor que más se le aproxima es farto de Mercadona, no los fartones Polo no, si no los que hace Mercadona, ese glaseado que les ponen por encima que me vuelve loca a mí en verano…. Pues puedo casi asegurar que es el sabor más aproximado al glaseado de mi donuts.

Seguí la calle donde había comprado mi donuts y encontré un McDonalds que hacía esquina, “Buen hallazgo” pensé “me vendrá bien en más de una ocasión”. Seguí caminando y para mi sorpresa me encontré con un teatro que hacía un musical de
Michael Jackson y justo al lado otro musical que creo que era de Abba pero quedé tan obnubilada por Michael que ahora mismo no recuerdo cual era. Una calle más adelante otro musical, estaba en la gloria con lo que me gustan a mi!! Esta vez era el de los Miserables pero lo mejor no era eso, lo mejor es que acaba de entrar en el barrio Chino, me gustó mucho como lo tenían decorado, no sé me resulto curioso pero lo mejor sería una tienda de telefonía que encontré, se llamaba 3store y sería lo que pondría a prueba mi inglés, pondría a prueba mi paciencia y me enseñaría que aun que frustrada nunca debo darme por vencida.

Primer día de clase en Picadilly Circus

Y allí estaba yo, mirando cada rincón de la que sería mi segunda casa en Londres. Tímidamente recorriendo cada parte de la academia, prácticamente enamorándome de aquel lugar y mirando el reloj a cada segundo hasta que fuera la hora de llegar a clase.

Se encontraba en el segundo piso, recuerdo la moqueta gris del suelo y en frente de mí una puerta roja con una ventanilla circular en ella donde poder observar la clase desde fuera, entonces comenzó, mi corazón se aceleraba por momentos, mi respiración cada vez más rápida; era una mezcla de miedo, vergüenza, “donde me he metido” y ¡¡ADELANTE!!.

Recuerdo entrar en la clase la primera (como casi siempre suelo hacer), sillas negras casi alrededor de toda la clase, moqueta gris oscura, a la derecha unas ventanas gigantes que daban a Picadilly Circus, las vistas eran maravillosas, ver esos autobuses de 2 plantas, los taxis negros, el murmullo de la gente, ….. Quería estar cerca de las ventanas y así lo hice, me senté en el lado de las ventanas. Más o menos en frente de mí estaba la pizarra, una pizarra digital, la primera que había visto, y me causó mucha pero que mucha curiosidad.pizzara digital picadilly

Fui cauta, era mi primer día y no quería tener bronca, aunque tampoco creo que me hubiera enterado mucho.

Para esta primera semana cultural no teníamos adjudicados ningún nivel, éramos todos una mezcla de ellos. En el examen previo a la matriculación que hice había salido que era Pre-Intermedio Bajo.

Comenzaron a llegar más estudiantes, se iban sentando poco a poco, iba llenándose el aula mientras yo observaba y decía “Hello” o “Hi”, todos teníamos la misma cara, una mezcla de timidez y felicidad. De repente entró alguien, parecía joven, iba desaliñado, recuerdo perfectamente sus zapatillas de baloncesto, unos vaqueros rasgados y una camiseta de deporte, era rubio y alto. Mientras esperaba a ver dónde se sentaba, este se limitó a quedarse de pie, dejar unas cosas en la mesa y mirarnos….ERA EL PROFESOR!

frank cademSe presentó, su nombre era Frank Brown. Desde el primer momento nos dio muy buen rollo y se notaba que la semana sería divertida.

Lo primero que hicimos fue presentarnos cada uno, decir de donde veníamos, que nos gustaba y cuánto tiempo estaríamos allí. Por desgracia no recuerdo a todo el mundo pero si con los que más contacto tuve durante esa semana: 2 españoles, 2 francesas, 1 china y 2 brasileñas.

Frank repartió unas hojas de vocabulario sobre moda, ropa y accesorios. Y luego nos explicó cómo sería nuestra semana cultural, la verdad es que no tenía ni las más remota idea de que sería taaaaaaaaaaaaaaaaaaan sumamente genial.

Bienvenida en Picadilly Circus

Llegó la hora, tocaba entrar a la reunión de bienvenida. Nos llamaron a todos y nos hicieron entrar en una sala, no sabría decir cuántos éramos allí dentro pero si podría decir que éramos más de 20. Cada uno de una nacionalidad, de un padre y de una madre, cada uno por diversas circunstancias, diferentes objetivos pero un mismo fin: Aprender Inglés.

En la reunión nos dieron una carpeta, la verdad que muy chula y a la cual tengo muchísimo cariño; también nos dieron una libreta del estudiante, donde los profesores nos harían sus anotaciones; un marca páginas y folletos de información acerca de la academia y demás cosas interesantes.

Nos separaron en 2 grupos, los que habíamos elegido que la primera semana fuera cultural y los que habían decido empezar directamente “al tema”.

Cada grupo teníamos asignadas unas aulas, a las cual nos explicaron cómo ir por supuesto.

Nos comentaron cuales iban a ser los libros que utilizaríamos y que teníamos 2 opciones, o bien adquirirlos allí mismo o bien alquilarlos por 17 pounds, estos serían devueltos cuando devolviéramos los libros en perfecto estado. La verdad es que me encanto saber que podíamos alquilar los libros y no tener que gastarnos un dineral en comprarlos; supongo que no estoy acostumbrada a que no quieran saquearme con cualquier burda excusa.

malvern libreria

Acto seguido nos explicaron las instalaciones, habían diferentes plantas, baños, una librería, no era muy grande pero era lo suficiente para proveer a los estudiantes de lo necesario, también existía la posibilidad de reservar una radio y unos cd’s y así practicar el listening; por último mi parte favorita era la zona común, donde teníamos acceso a ordenadores con Internet, no existía en sí una norma que te dijera que sólo podías estar un tiempo determinado en el ordenador, pero si nos pedía que fuéramos compañeros y respetáramos que todos queríamos utilizar el ordenador. En esa sala además teníamos sillones, acceso wifi en toda la sala, máquinas de café y refrescos. Esta sala además estaba justo en frente de la librería y se situaba en el primer piso donde también estaban las oficinas de recepción.

Se dio por finalizada nuestra reunión, salimos todos con nuestras carpetas y libretas camino a ojear las instalaciones que serían nuestra segunda casa, como el futbolista que pisa un campo ajeno para ver como es el tacto, como es el suelo, las medidas, donde no debería pisar,…. Todo antes de iniciar nuestra primera clase y conocer a nuestros compañeros de clase durante el próximo mes.

Picadilly circus

Por fin, ahí estaba, di un paso y monté en las largas escaleras mecánicas, esas que me llevarían a Picadilly Circus. Miraba a los lados donde podía ver carteles de anuncios, de musicales, de cine,… miraba a la gente, miraba esa estación como el niño que ve por primera vez el mar. Estaba ensimismada, todo tenía su encanto. Llegué hasta arriba, camine unos pasos, pasé mi bono por la máquina y se abrieron las puertas. Ya estaba allí, no había vuelta atrás. De nada me iba a servir la vergüenza, el miedo, la timidez…ahora ya no. Ahora debía enfrentarme a la realidad, nadie hablaría por mí, nadie preguntaría por mí, tenía que ser yo, YO y nadie más.

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Ante mí más escaleras, esta vez no mecánicas. Podía ver la salida pero sobretodo podía ver esa señal tan guay de Picadilly Circus. Puedo recordad ese momento como si fuera ahora mismo, puse un pie en la calle y de repente paré, miré a mi alrededor, fue como si el mundo parara en ese mismo instante y todo girara a mi alrededor, para que os hagáis una idea es como cuando en las películas el protagonista se queda quieto y la cámara gira alrededor de él 360º. Algo así sucedió, sólo que la que giraba no era la cámara si no yo.

A mi izquierda el museo Believe it or not! Un museo con cosas del tipo el hombre más alto del mundo y el más bajito, vamos museo de las rarezas, sus colores amarillos y rojos siguen frescos en mi mente. A la derecha la plaza, la fuente que todos conocemos y un teatro. A mi espalda la gran pantalla de Sanyo y TDK, con videos funcionando todo el tiempo. Me sentía tan pequeña, tan nerviosa, tan feliz que no podía para de sonreír y dar vueltas.

Bajo las pantallas de Sanyo había una tienda de souvenirs y más adelante se encontraba Malvern House. Por fuera parecía un portal normal, pero al entrar encontrabas una especie de recepción, carteles en las paredes, un ascensor y unas escaleras. Predominaban los colores de la academia, el rojo y el blanco.

Pregunté como pude a la chica de la entrada, llevaba la acreditación de la academia y me indicó que fuera al primer piso.

Subí andando, entre por la puerta y de repende encontré una sala, moderna, limpia y llena de vitalidad. Volvía preguntar y gracias a los gestos universales que todos hacemos para expresarnos entendí que debía teclear mi nombre en una especie de ordenador y esperar a mi turno.

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Cómo veis en la foto era una sala con sillones rojos, en las paredes blancas no sólo colgaba información de la academia sino que además tenía las fotos de los asesores, para que nos familiarizáramos con las caras, la verdad es que eso hacía la academia más humana. Al fondo una pantalla de tele bastante grande, donde iban apareciendo nombres junto con el nombre del asesor que te iba a atender.

Estaba de los nervios, el inglés me daba mucho respeto entre otras cosas porque no sabía hablar, podía leer y más o menos escribir pero no sabía comunicarme.

Llegó mi momento, llámalo suerte pero me tocó un asesor hispano, lo cual me dio muchísima tranquilidad. Me explicó que en 1 hora habría una reunión para los que iniciábamos curso esa semana, allí nos darían el material y nos dirían a que clase iríamos cada uno, puesto que había gente (como yo) que habíamos seleccionado la primera semana cultural y otros que eligieron comenzar la primera semana con clases normales.

Le di las gracias y pregunté si podía esperar allí, en aquella sala, y me dijo que sí, por lo que eso hice, sentarme en un sillón rojo, buscar publicidad y esperar a que fueran las 3 de la tarde.

Me sentía bien allí, se respiraba buen rollo y alegría, después de estar con aquella familia mediocre, Malvern House me hizo sentir bien. En breve sabría si eso continuaría siendo así o no.

Comenzando mi primer día

Por fin llegó el día, era lunes y eso significaba que iba a ser mi primer día en el “cole”. Abrí (por decir algo) la puerta de mi cuarto, fui al aseo y decidí bajar a desayunar. No recuerdo bien la hora que era pero si recuerdo que bajé en pijama, fui a la cocina, cogí mi bol, mis cereales y mi leche. Cogí una cuchara y me senté en la misma silla en la cual me había sentado el día que llegué, comencé a desayunar mientras todo parecía en paz. Estaba ilusionada y nerviosa ¡mi primer día! Todos sabemos que los primeros días son muy importantes, marcan mucho el recorrido de la experiencia y nos sentimos vulnerables aunque con muchas ganas de comenzar (bueno no siempre).

Como decía, estaba desayunando y apareció Brenda que me dio un frío “Good Morning”; estando ella en la cocina de repente se presentó una amiga, estuvieron hablando un rato y creí entender algo acerca de mí, ya sabéis, la nueva estudiante y tal. Esa persona se fue y entonces Brenda vino hacia mí y con cara de pocos amigos o podría decir, su cara natural, me dijo que era la última vez que yo bajaba en pijama a desayunar. Hay normas en la casa y esas normas dicen que para estar en el salón debería estar vestida de calle JAMÁS en pijama, acto seguido pedí disculpas y le dije que subiría en ese mismo momento a cambiarme pero me dijo que por esta vez pasaba y que podía terminar de desayunar pero que no se volviera a repetir.

No sabría explicar el sentimiento de rabia, de impotencia, de desesperación… fue un pequeño acto que a lo mejor no significa nada para vosotr@s pero para mí era otra gota más en el vaso de mis miedos.

Terminé de desayunar, pero casi a fuerza, pues el estómago no sólo se me cerró si no que se me revolucionó. Luego fregué lo utilizado y me subí a mi cuarto, cerré de nuevo la puerta me senté por un segundo, respiré, medité y comencé a preparar todo para irme a la academia. No veía le momento de salir de allí, por lo que planeé salir antes de lo esperado.

Ya lo tenía todo preparado, cogí mi mochila, mi abrigo y mis llaves, al llegar abajo me colocaría mis zapatos y daría comienzo mi aventura.

Salí por esa puerta, respiré el aire de la libertad y la tranquilidad, por alguna extraña razón me sentía más segura fuera de esa casa que dentro. Con mi teléfono en la mano me dirigí a la  estación del metro de Kennington, allí tenía que coger la Northem Line, bajar en Charing Cross tomar la línea azul oscuro (Piccadilly Line) y bajar en Piccadilly Circus.plan-metro-londres

Me sentía afortunada, no sólo estaba en Londres sino que además iba a estudiar cerca de un lugar mítico de Londres ¿Quién no ha oído alguna vez hablar de Piccadilly Circus?

El metro me gustó, me gustaba la diversidad que habitaba en la ciudad de Londres. Observaba,  como el niño que por primera vez descubre el mar, absolutamente todo. Las estaciones de metro tenían su encanto, eran obras de arte y lo mejor de todo es que en cada estación podías disfrutar de algún cantante o grupo ambulante que debo reconocer tenían mucho mucho talento.  Fue en Charing Cross dondé descubrí a un hombre que tocaba con su guitarra y cantaba mejor que muchos cantantes famosos, me encantaba y fue él quien se convirtió en la melodía de mis mañanas durante mi estancia en la capital del Reino Unido.

Estaba ya acercándome a mi academia, Malvern House. Estaba cerca de iniciar mi primer día, de conocer a mis compañeros, mis profesores y de saber cómo sería a partir de ese instante mí día a día.

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Un pequeño haz de luz

Decidí ir a comprar cuanto antes, para tenerlo todo hecho y poder subir a mi cuarto y no moverme hasta el día siguiente que tuviera que ir a clase.

Baje los dos pisos, una moqueta verde forraba esos escalones inclinados y diminutos. Busqué a Brenda y le pregunté dónde podría encontrar un supermercado cerca. Me dio unas indicaciones, me puse las zapatillas y me fui en busca de ese supermercado.

Miraba cada casa, cada calle o más bien admiraba. Todo era distinto, todo nuevo para mí y todo tan real, estaba en Londres, por fin lo había hecho. Pase por calles lúgubres, casa sin luz, sin color. Gente muy dispar, de todas las razas y tiendas tan diferentes que me daban ganas de ir a todas y cada una de ellas. Fue entonces cuando encontré un pequeño supermercado, una especia de tienda de barrio pequeña pero que tenía de todo.

Era todo tan diferente y divertido…. Productos tan inusuales y tanta variedad que en parte quería comprarlo todo, sin embargo la realidad era que tenía el estómago cerrado. Gracias a la news-graphics-2007-_884649amaravillosa bienvenida que había tenido, apenas tenía hambre. Compré una ensalada ya hecha, pasta, unas galletas de queso que despertaron mi curiosidad (soy fan del queso) y vi una bebida de Mars que también me impulso a comprarla. Estas galletas y esta bebida se convertirían en la cena de cada noche durante toda mi estancia en Londres. Pero lo que realmente me hizo reír fueron los diferentes tamaños de la leche, era alucinante; pequeñas (que ternurita), medianas, grandes, extra grandes…. Cogí una botella mediana y unos cereales para desayunar.

Llevé todos los productos a donde estaba el chico y la caja, me dijo algo que no logré entender, yo le dije “I don’t understand” el hombre sonrió habló más lento, pasó mis productos y me dijo cuanto era. No sé cuánto me dijo, le di un billete y me devolvió. Con el cambio, el móvil y la bolsa regresé a casa. Al llegar me quité los zapatos, fui a la cocina y dispuse cada cosa en su supuesto lugar. Cogí las galletas y la bebida Mars y me subí a la habitación. Por su puesto, el marido de Brenda (que recordar ella dijo a la academia así como al British Council que estaba separada) aún no había llegado por lo que mis intenciones de conectarme a internet se vieron frustradas.

316171_10150319383211100_1135031650_nSubí a mi habitación, entré en mi cuarto y cuando estaba dejando las galletas en una “mesa” tocaron a mi puerta, me giré y “abrí”. Era la otra estudiante que vivía allí cuyo nombre no recuerdo ahora mismo. Se presentó, era bajita, morena y con gafas. De tez pálida y una cara muy dulce, inspiraba mucha inocencia y dulzura. Era de Italia, llevaba 6 semanas allí y contaba los días para irse. No estaba contenta con esa familia, era casi un infierno, apenas hablaba con ellos y procuraba hacer su vida pero eso sí, me ofrecía su ayuda en caso de que la necesitara.

En esos momentos de angustia, donde me encontraba sola y perdida, agradecí ese gesto. Fue como ese pequeño haz de luz que entra por tu persiana cuando apenas está saliendo el sol y te hace saber hoy será un buen día.

No es que me sintiera protegida ni mucho menos, pero al menos Londres dejaba de ser tan horrible por un momento. Había esperanza y me daba fuerzas para seguir para adelante.

Me puse el despertador y lo dejé todo preparado. Estudié de nuevo los planos que me había llevado para saber por donde debía ir, que metro tomar, incluso que tenía que decir  al llegar y después de todo eso me dispuse a dormir.

Os podéis imaginar lo que fue dormir en una cama y en un lugar nuevo. No dejaba de mirar a mí alrededor, era una habitación pequeña que necesitaba una buena mano de pintura. Tenía una pequeña ventana que daba a la calle, pero estaba tan sucia que apenas podía ver bien a través del cristal; la moqueta tenia tantas manchas que podía hasta calificarse de arte y la puerta, esa puerta que suponía el límite que definía mi privacidad no se cerraba, no conté las veces que me levanté a empujar esa pesa pero puedo asegurar que fueron bastantes.

Fue una noche muy larga, llena de nervios, dudas e intriga. Al día siguiente asistiría por fin a mi primera clase ¿Cómo sería? ¿Haría amigos? ¿Me iría bien? ¿Aprendería? ¿Cómo sería la academia? Eran tantas las preguntas que no veía el momento de que llegará el Lunes, había reservado mi curso para ir por las tardes de 3.45 a 6 pm. A las 2 de la tarde tenía la cita en la academia para que nos dieran toda la información necesaria y para presentarnos.

Normas y Retos

Todo aprendizaje conlleva una lección la cual viene de la mano de alguna que otra lágrima y de algunos de esos momentos de rabia y desesperación que much@s de vosotr@s habéis sentido ¿pero sabes que es lo mejor? Lo mejor es luego decir orgullosa, lo hice, lo sufrí, fue una gran experiencia y aprendí.

Se suponía que mi familia me facilitaría prácticamente todo menos la comida. Elegí cocinar yo puesto que no sabría cual serían en realidad mis horarios. Se me daba una habitación con escritorio para estudiar y un armario, una despensa,  internet, ducha, lavarían mi ropa,….

Cuando volví a bajar Brenda me esperaba en el comedor. El comedor no era muy grande, tenía un sofá de 2-3 plazas, un sillón a juego con el sofá; en frente una tele mediana. A la derecha había una acceso de cristal a lo que parecía un patio. Yo estaba sentada en la mesa del comedor que estaba en una esquina justo al lado de la cocina, la cual no tenía puerta y tampoco era grande en exceso.

Brenda se encontraba en frente y se dispuso a comunicarme las normas que existían en esa casa. Entre otras, no podría comer en el sofá, sólo en la silla donde me encontraba sentada. Si quería internet debería pagar 5 libras semanales, la señal no sería lo mejor del mundo pero debía pagar por tenerla (cuando debía ser gratis), existían 2 puertas de entrada, una más externa y la otra interna, la interna se cerraría cada noche a las 00 y a mí se me facilitaban las llaves sólo de la primera por lo que si llegaba más tarde de las 00 no podría entrar en casa. Tendría un aseo en mi planta (la segunda) donde compartiría con otra persona que ya estaba allí, si quería ducharme tendría que ser en la primera planta, la suya. Eso sí, existían turnos ella iría primero, luego su marido y luego su hija y ya después yo. Ella podría lavar mi ropa, ya avisaría de cuando haría la colada pero si quería usar la secadora (puesto que en Londres llueve continuamente) debía pagar 5 libras más.

Cuando termino de decirme todo tuve que preguntar acerca de mi despensa ya que sólo había sido un recital de ESTO NO, ESTO NO, NO, NO, NO, NO, 5 libras…. entonces fue cuando pensó y dijo “Ah sí”, sin tenerlo previsto comenzó a buscar un lugar en su cocina donde poder hacerme un hueco. Lo logró, me señalo cual sería y también mi parte de la nevera (os podéis imaginar el tamaño).

Me dio las llaves, le pagué 5 libras y le pedí la clave de Wifi… sorprendentemente ella no la tenía, era su marido quien controlaba el tema y tendría que esperar a que el llegará a casa para poder tenerla, el llegaría tarde por lo que si no estaba yo cuando el llegara ya se me facilitaría al día siguiente.

310551_10150319382276100_2033485567_nSubí a mi cuarto, el cual podéis ver aquí una foto. Tenía una moqueta azul bastante sucia, no daba la sensación de ser limpia y no es que me hiciera mucha gracia andar descalza en ese suelo. No había escritorio, el armario estaba lleno de cosas de Brenda y su hija y no había mucho espacio, pero para mí lo más unnamedimpactante fue ver que no tenía pomo para cerrar y abrir mi puerta. La única seguridad que yo tendría en esa casa, con la que debía sentirme segura y dormir tranquila era un peso de una pesa para poder “juntar” la puerta, de hecho no llegaba nunca a cerrarse del todo.

Mi habitación estaba arriba del todo, ya os he dicho que era diminuta. Al salir a mi derecha había otra habitación y a mi izquierda el aseo que constaba de una pica y un váter pero nada de jabón o toallas.

Recuerdo sentarme en el rincón de la cama, llorando, muerta de miedo,  preguntándome que hacía yo allí y queriendo volver lo antes posible, me dije una y mil veces “ya sabía yo que no tendría suerte”. No sabía qué hacer, no conocía nada ni podría ir a ningún sitio puesto que hasta el día siguiente no iría a la academia por primera vez. Lo admito, estaba aterrorizada, muerta de miedo y bloqueada. Asumí que era lo que me había tocado vivir y lo que el destino había puesto en el camino. Irme sola a otro país no iba a ser fácil, esa situación se había dado por alguna razón. Y tendría que vivirla.

Hecha ya a la idea de la situación en la que estaba y de la familia con la que viviría, decidí ir a comprar algo de comida. Ante mí, otro nuevo reto,  ir al supermercado y lograr comprar algo sin saber el idioma. Puede que para ti no fuera un reto, pero es mi manera de ser y mi manera de moverme, cada día y cada cosa es un reto, cada paso, cada historia y cada aventura es un reto. Mi estancia en Londres se convirtió en uno continuo, del cual ahora me siento orgullosa de poder compartir con vosotr@s.