La odisea de la sim 2

Volví a clase, me senté de nuevo cerca de la ventana que daba a Picadilly Circus, mi mochila debajo de la silla, mi cuaderno apoyado en la parte de las sillas que “trabajaba” de mesa, la pizarra a la izquierda y mis nervios centralizados en el estómago.

Para variar, era la primera en llegar, en parte creo que es una buena herencia de mi padre y en parte creo que son manías adquiridas, ya que yo necesito estar en los sitios entre 5 y 10 minutos antes, prefiero esperar a ser esperada y valga la redundancia me desespera quien hace esperar. En fin, estaba sentada mientras esperaba a la gente entrar lo cual, me servía también para observar a cada uno de los estudiantes que iban entrando, ya noté ciertas aproximaciones y vibraciones, sí como leéis, vibraciones; dejar que os explique: me considero una persona que se mueve por vibraciones, cuando conozco a una persona (a veces sin ni siquiera conocer) suelo percibir una serie de vibración buena o mala, la cual básicamente me hace ver si esa persona es transparente o es opaca y tiene un lado oscuro. No, no estoy hablando de Star Wars. Suelo guiarme mucho por esta intuición y rara vez me equivoco, puedes llamarlo energía que desprende la persona o simplemente la esencia de esa persona que es proyectada de algún modo… la cuestión es que gracias a eso fui pre-seleccionando a los que serían mis compañeros en esta aventura, con quien sería afín, con quien no,….lo mejor de todo es que mi instinto no me llego a fallar.

Finalmente, llegaron todos los compañeros. Dimos la clase que fue muy divertida, ya que la semana iba sobre la cultura y la moda y además el profe nos anunció que el día siguiente iríamos a practicar a Candem Town, barrio culpable de mi súbito enamoramiento por la ciudad.

Me moría de ganas de llegar a casa, poner la nueva sim, activarla y poder hablar y llamar a mi familia y amigos, por lo que al terminar la clase me fui a casa, entre en el metro de Picadilly y baje en Kennington, anduve por la calle mirando las hojas, la gente, las tiendas con sus frutas en la puerta listas para comer, las pintadas en la carretera de LOOK RIGHT… seguía sin creer que estaba allí.

look-right

Al llegar a casa, me descalcé (algo obligatorio), salude sin obtener una sonrisa de vuelta, un simple Hi! se les escapó y quizá porque pensaran que era otra persona, desde luego el recibimiento no fue cálido ni lo más parecido, no me importó, tenía un reto, tenía que enfrentarme a mi inglés, debía hacer una llamada, activar mi SIM y poder llamar a mi gente en España sin morir arruinada en el intento, pero las dudas recorrían mi cabeza mientras subía aquella escaleras de moqueta verde  ¿sería una máquina o una persona? Y si era una persona… ¿y si no me entendían? ¿y si no les entendía yo a ellos?

Pensé, bah será simple, llamas un contestador te pedirá el código, lo introduces y arreglat! No obstante, no iba a ser así, no iba a ser tan simple, de hecho algo tan tonto como llamar a atención al cliente e intentar activar la sim lograría hacerme llorar de frustración y hacerme crecer de satisfacción.

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