Un pequeño haz de luz

Decidí ir a comprar cuanto antes, para tenerlo todo hecho y poder subir a mi cuarto y no moverme hasta el día siguiente que tuviera que ir a clase.

Baje los dos pisos, una moqueta verde forraba esos escalones inclinados y diminutos. Busqué a Brenda y le pregunté dónde podría encontrar un supermercado cerca. Me dio unas indicaciones, me puse las zapatillas y me fui en busca de ese supermercado.

Miraba cada casa, cada calle o más bien admiraba. Todo era distinto, todo nuevo para mí y todo tan real, estaba en Londres, por fin lo había hecho. Pase por calles lúgubres, casa sin luz, sin color. Gente muy dispar, de todas las razas y tiendas tan diferentes que me daban ganas de ir a todas y cada una de ellas. Fue entonces cuando encontré un pequeño supermercado, una especia de tienda de barrio pequeña pero que tenía de todo.

Era todo tan diferente y divertido…. Productos tan inusuales y tanta variedad que en parte quería comprarlo todo, sin embargo la realidad era que tenía el estómago cerrado. Gracias a la news-graphics-2007-_884649amaravillosa bienvenida que había tenido, apenas tenía hambre. Compré una ensalada ya hecha, pasta, unas galletas de queso que despertaron mi curiosidad (soy fan del queso) y vi una bebida de Mars que también me impulso a comprarla. Estas galletas y esta bebida se convertirían en la cena de cada noche durante toda mi estancia en Londres. Pero lo que realmente me hizo reír fueron los diferentes tamaños de la leche, era alucinante; pequeñas (que ternurita), medianas, grandes, extra grandes…. Cogí una botella mediana y unos cereales para desayunar.

Llevé todos los productos a donde estaba el chico y la caja, me dijo algo que no logré entender, yo le dije “I don’t understand” el hombre sonrió habló más lento, pasó mis productos y me dijo cuanto era. No sé cuánto me dijo, le di un billete y me devolvió. Con el cambio, el móvil y la bolsa regresé a casa. Al llegar me quité los zapatos, fui a la cocina y dispuse cada cosa en su supuesto lugar. Cogí las galletas y la bebida Mars y me subí a la habitación. Por su puesto, el marido de Brenda (que recordar ella dijo a la academia así como al British Council que estaba separada) aún no había llegado por lo que mis intenciones de conectarme a internet se vieron frustradas.

316171_10150319383211100_1135031650_nSubí a mi habitación, entré en mi cuarto y cuando estaba dejando las galletas en una “mesa” tocaron a mi puerta, me giré y “abrí”. Era la otra estudiante que vivía allí cuyo nombre no recuerdo ahora mismo. Se presentó, era bajita, morena y con gafas. De tez pálida y una cara muy dulce, inspiraba mucha inocencia y dulzura. Era de Italia, llevaba 6 semanas allí y contaba los días para irse. No estaba contenta con esa familia, era casi un infierno, apenas hablaba con ellos y procuraba hacer su vida pero eso sí, me ofrecía su ayuda en caso de que la necesitara.

En esos momentos de angustia, donde me encontraba sola y perdida, agradecí ese gesto. Fue como ese pequeño haz de luz que entra por tu persiana cuando apenas está saliendo el sol y te hace saber hoy será un buen día.

No es que me sintiera protegida ni mucho menos, pero al menos Londres dejaba de ser tan horrible por un momento. Había esperanza y me daba fuerzas para seguir para adelante.

Me puse el despertador y lo dejé todo preparado. Estudié de nuevo los planos que me había llevado para saber por donde debía ir, que metro tomar, incluso que tenía que decir  al llegar y después de todo eso me dispuse a dormir.

Os podéis imaginar lo que fue dormir en una cama y en un lugar nuevo. No dejaba de mirar a mí alrededor, era una habitación pequeña que necesitaba una buena mano de pintura. Tenía una pequeña ventana que daba a la calle, pero estaba tan sucia que apenas podía ver bien a través del cristal; la moqueta tenia tantas manchas que podía hasta calificarse de arte y la puerta, esa puerta que suponía el límite que definía mi privacidad no se cerraba, no conté las veces que me levanté a empujar esa pesa pero puedo asegurar que fueron bastantes.

Fue una noche muy larga, llena de nervios, dudas e intriga. Al día siguiente asistiría por fin a mi primera clase ¿Cómo sería? ¿Haría amigos? ¿Me iría bien? ¿Aprendería? ¿Cómo sería la academia? Eran tantas las preguntas que no veía el momento de que llegará el Lunes, había reservado mi curso para ir por las tardes de 3.45 a 6 pm. A las 2 de la tarde tenía la cita en la academia para que nos dieran toda la información necesaria y para presentarnos.

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